Suele señalarse a esta enfermedad, con bastante razón, como la principal amenaza para nuestra salud y nuestra expectativa de vida. Sabemos que, si la presión arterial sistólica (máxima) y diastólica (mínima), supera los valores de 140 y 90 mm Hg respectivamente, se incrementa nuestro riesgo de padecer todo tipo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e insuficiencia renal crónica, entre otras. No obstante otros valores más bajos que los mencionados, también pueden significar riesgo, y eso depende de la historia clínica de cada individuo. La hipertensión es la principal causa de ACV –potencialmente mortal o generadora de una discapacidad severa– y de deterioro prematuro de las capacidades cognitivas con la edad.
También sabemos que existe una correlación estadística con la obesidad, al punto en que se identifica al exceso de peso como la principal causa de la hipertensión arterial. El estudio RENATA, dado a conocer por la Sociedad Argentina de Cardiología, muestra que un tercio de los argentinos adultos son hipertensos (y un 37% no lo sabe). Estas cifras se solapan fuertemente con las de la población obesa y con sobrepeso, que según las cifras oficiales del Ministerio de Salud alcanzan al 50% de los argentinos.
Pero prevenir y tratar la hipertensión arterial no es algo tan simple como una carrera por bajar de peso (lo cual es un modo de decir: para quien necesita bajar de peso y, sobre todo, mantenerlo, no suele ser nada fácil con los tratamientos convencionales). Para el doctor Marcelo Suárez, médico clínico (M.
N 73796) experto en conductas saludables, “la hipertensión es el resultado de un proceso que empieza con el daño en las células, donde la obesidad suele aparecer como un factor asociado más”. Aunque, para prevenir y tratar todo este proceso en conjunto, asegura, “la composición corporal es más importante que lo que marca la balanza”, cuanto y en qué estado de salud se encuentran, el músculo, la grasa, loshuesos y los diferentes órganos, aparatos y sistemas “Por supuesto que es necesario mantener los valores de presión arterial controlados, pero es importante entender que no tratamos números, sino personas, y también contextos”, resume el especialista, quien es asesor médico del Laboratorio Ysonut, líder en cronobiología nutricional y diseño de tratamientos médicos y productos para el descenso rápido de peso, sin perder de vista la Salud, en ese proceso.
¿Qué significa esto? “Significa”, explica el Dr. Suárez, “que hay que entender a la presiónarterial como una información que nos da el organismo, relacionada directamente con lasconductas adoptadas cada día: la alimentación, el ejercicio, el descanso y el estado deestrés”.
Las células sufren nuestros malos hábitosLa presión arterial es un mecanismo natural absolutamente necesario para la vida; de ella depende que la sangre circule para llevar el oxígeno y el resto de los nutrientes necesarios a cada célula del cuerpo. Pero la ingesta excesiva de grasas de mala calidad e hidratos de carbono, el sedentarismo y el estrés oxidativo producto de estos y otros malos hábitos que solemos adquirir nos pasan factura, y hacen que los mecanismos naturales –la presión arterial, el ritmo circadiano o “reloj biológico” y todo el metabolismo en general– entren en crisis causando diversos trastornos, como la hipertensión, la diabetes o la acumulación de colesterol y triglicéridos en las arterias, además de la obesidad en todos sus grados. ¿Qué pasa, mientras tanto, a nivel de las células? “Las células generan energía (a través del oxígeno que les llega de la sangre), en unos pequeños orgánulos llamados mitocondrias –señala el Dr. Suárez–. La presión arterial aumenta cuando no llega suficiente oxígeno a las mitocondrias”.




