Cómo se vota en Estados Unidos y por qué es una elección clave para la Argentina

Definen si Trump vuelve a sorprender a las encuestadoras y obtiene un segundo mandato. Por qué no siempre gana el candidato más votado y cómo impactará el resultado en nuestra economía.


Muchas de las encuestas ya dan por ganador a Joe Biden. Pero en el sistema electoral estadounidense tener la mayor cantidad de votos no garantiza el acceso a la Casa Blanca. Basta con recordar lo que sucedió con Hillary Clinton en 2016 cuando se enfrentaba a Donald Trump. La candidata demócrata logró 3 millones más de votos por parte de los ciudadanos pero la presidencia quedo en manos del republicano Trump.

Es que la elección de presidente es de manera indirecta, es decir que serán los 538 miembros del Colegio Electoral quienes decidirán al próximo mandatario. Si bien la constitución no les exige a los electores votar de la misma manera que los ciudadanos del estado al que representan, es muy difícil que ocurra lo contrario. En 48 estados y en Washington DC, el ganador consigue todos los votos electorales para ese estado, diferente es en Maine y Nebraska que asignan a sus electores utilizando un sistema proporcional. Un candidato necesita el voto de al menos 270 electores (más de la mitad del total) para ganar la elección presidencial.

La campaña de ambos candidatos estuvo marcada por la violencia racial que generó multitudinarias marchas en todo el país, la pandemia de coronavirus y las consecuencias en la economía. Uno de los sectores más golpeados por la crisis económica, pero también importante a la hora de conseguir votos, son los latinos que viven principalmente, en el estado de Florida. Tal como destaca Jorge Arguello, el embajador argentino en Estados Unidos, en su Twitter “desde 1980, los demócratas han conquistado la mayoría del voto latino. Bill Clinton logró el récord de 72% en 1996 y Barack Obama recibió el 71% en 2012. Entre los republicanos, Ronald Reagan obtuvo el 37% en 1984 y George Bush un máximo de 40% en 2004”. En las elecciones de 2016, Hillary Clinton tuvo un 66% de apoyo latino y Donal Trump, sólo un 28%.

Los encuestadores dudan que estos números vayan a cambiar para favorecer una reelección de Trump ya que durante su mandato tuvo políticas fuertes contra la llegada de migrantes. Por ejemplo, una de las primeras medidas fue la construcción del muro con México asegurando que debía ser su vecino del sur quien era responsable de pagar por esa muro de concreto que separó mucho más que dos países.

La situación de los migrantes, eje de la campaña Para aquellos latinos que habían logrado ingresar a Estados Unidos, las políticas del presidente republicano no fueron mucho más benévolas. Todo lo contrario. Separó a menores de sus familias de manera forzosa. Human Rights Watch entrevistó a 28 niños y adultos y revisó otras 55 declaraciones juradas presentadas ante tribunales de niños y adultos que habían permanecido en celdas de detención en la frontera de Texas entre el 10 y el 20 de junio de 2019. Human Rights Watch identificó 22 casos en los cuales uno o más niños o niñas manifestaron haber sido separados por la fuerza de un familiar, habitualmente en las primeras horas después de haber sido aprehendidos.

Distinta es la postura de Joe Biden frente a la situación de los migrantes. El candidato demócrata anunció en campaña que si gana enviaría al congreso un programa de migración que ayude a tener la ciudadanía para los migrantes indocumentados y que sólo se los deportará si cometen delitos graves. Por qué es una elección clave para la Argentina Estados Unidos es un socio comercial estratégico para nuestro país y el líder de la Casa Blanca tendrá un rol clave en la junta directiva del FMI. (Foto: AP)Para la Argentina es una votación que no va a pasar desapercibida. Principalmente porque nuestro país necesita de un buen acuerdo con el FMI por la deuda de 57 mil millones de dólares para generar confianza en los mercados y frenar la suba del dólar. EEUU ocupa de las principales sillas en el organismo de crédito internacional y su voto pesa y mucho.

La administración de Alberto Fernandez ya tuvo su primer cortocircuito con los Estados Unidos por la presidencia de Banco Interamericano de Desarrollo. Desde la creación del BID, Estados Unidos aceptó una regla no escrita en la que la presidencia del organismo la encarnaba un latinoamericano y Washington se quedaba con la vicepresidencia. Pero en las elecciones de septiembre esta regla se rompió.

El gobierno de Donald Trump postuló a Mauricio Claver Carone para la presidencia. Argentina llevó como candidato a Gustavo Béliz, quien ya había trabajado en el BID, luego de retirarse del gobierno de Néstor Kirchner. Desde la cancillería argentina, Felipe Solá intentó conseguir el apoyo necesario para no dar quorum a Estados Unidos en la asamblea virtual en la que se daría la votación. Después se buscó una abstención casi masiva en esa misma asamblea buscando que la elección se realice en 2021 esperando que Joe Biden gane en las próximas elecciones presidenciales. Para ganar, un candidato debe tener al menos 15 de los 28 países americanos y el respaldo de un número de países miembros del BID que le den mayoría de 75% del poder de voto. Claver Carone consiguió el apoyo de Brasil, Paraguay y Uruguay. La Argentina se abstuvo. En un comunicado de prensa de Cancillería, nuestro país “agradece especialmente a los países regionales y extra-regionales que acompañaron su postura de abstención en la Asamblea Extraordinaria de Gobernadores que eligió hoy al Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo".

La postura de abstención cosechó el 31,23% de los votos emitidos, guarismo que se obtuvo a partir de la decisión de Chile, México, Perú y Trinidad y Tobago, más los países de la Unión Europea, lo que representa un total de 16 países en la misma posición, sobre los 30 que obtuvo en su favor el único candidato presentado, Mauricio Claver Carone, a quien saludamos en su nuevo rol en la institución”. Habrá que esperar hasta 2025 para ver si se vuelve a los usos y costumbres del Banco Interamericano de Desarrollo donde la presidencia sea manejado por un latinoamericano.

Sobran los motivos para que el 3 de noviembre, muchos presidentes, primeros ministros y referentes políticos, sociales y económicos de todo el mundo se desvelen esperando los resultados de una elección presidencial que trasciende las fronteras de los Estados Unidos.

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