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Inundaciones: recomendaciones para cuidar la salud tras la catástrofe

14/06/2017

En las INUNDACIONES se conjugan causas naturales y humanas. Entre los factores naturales se encuentran los geográficos y los meteorológicos. El aumento de las precipitaciones es otro factor natural que hace que se saturen los reservorios del subsuelo y se eleven así las napas, provocando mayores inundaciones.

 

Por otro lado, la menor altura de la ribera derecha de los ríos Paraná y Paraguay, permite el desborde de las aguas hacia las provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe. La Sudestada, con sus fuertes vientos, impide el desagüe de los ríos Paraná y Uruguay provocando inundaciones en la zona del Delta.

 

Entre las causas por acción humana, las inundaciones se producen cuando se intervienen en los sistemas naturales sin conocer las características del sistema y sin evaluar las consecuencias. Por ejemplo, eso sucede ante el crecimiento descontrolado de las ciudades, ante el insuficiente y escaso mantenimiento del sistema de desagüe pluvial, el relleno y ocupación de franjas costeras que dificultan aún más el drenaje, así como con el desmonte y la sojización, entre otros.

 

EFECTOS SOBRE LA SALUD

Desde el punto de vista de la salud pública, un desastre se define por su efecto sobre las personas y sus consecuencias sobre la salud y los servicios de salud.

La experiencia de desastre por inundaciones muestra que éstas provocan un número inesperado de muertes, lesiones y enfermedades que habitualmente exceden las capacidades instaladas de los servicios locales de salud, los que suelen resultar afectados e influir en su capacidad de respuesta frente a la emergencia. Asimismo, las inundaciones pueden tener efectos adversos sobre el ambiente y la población al aumentar el riesgo de enfermedades transmisibles, lesiones y peligros ambientales que incrementan la morbilidad.

Con posterioridad a las inundaciones, se encuentra presente el potencial para el desarrollo de brotes de enfermedades transmitidas por el agua (E. coli enterotoxigénica, Shigella, hepatitis A, leptospirosis, giardiasis), por vectores, enfermedades respiratorias, y aumento de enfermedades endémicas en las áreas afectadas por la inundación.

Del mismo modo, durante y luego del evento, la salud mental de la población que ha sido gravemente afectada (que ha tenido que abandonar su hogar, perdido o dañado bienes personales, o ha sufrido la lesión/enfermedad o pérdida de un ser querido), puede verse afectada manifestándose a través de estrés postraumático u otros cuadros psicológicos.

 

MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Prevenir enfermedades diarreicas: Éstas son más frecuentes en menores de 5 años y más graves entre los 2 meses y los 2 años. En caso de verse afectados los depósitos de alimentos y/o fuentes de refrigeración, hay que tener especial cuidado en no consumir alimentos que pudieran estar contaminados. La principal medida para su interrupción es el lavado de manos. Utilizar agua segura para beber, cocinar y para la higiene personal. Cuidar la limpieza y brindar un tratamiento adecuado a los residuos sólidos. En el caso de los bebés, sostener la lactancia materna exclusiva. Es importante, además, tener el plan de vacunación al día, de acuerdo con el Calendario Nacional de Vacunación.

 

Prevenir enfermedades respiratorias: Afectan a toda la población pero, fundamentalmente, a los menores de 5 años y a las personas de más de 65 años. Se sugiere lavado de manos con agua segura para cocinar y comer, y para la higiene personal y de los/as niños/as. Sostener la lactancia materna, al menos hasta que el bebé cumpla los 6 meses y ofrecerle el pecho con más frecuencia en caso de que se enferme. Ventilar todos los ambientes a diario. Tener el plan de vacunación al día de acuerdo con el Calendario Nacional de Vacunación.

 

Prevenir enfermedades transmitidas por mosquitos: la medida más importante de prevención es la eliminación de todos los criaderos de mosquitos. Descartar o dar vuelta recipientes que contengan agua al interior o exterior de la vivienda. También es importante prevenir la picadura del mosquito usando repelentes sobre la piel expuesta y sobre la ropa con aplicaciones cada 3 horas y espirales o tabletas repelentes en los domicilios.

 

Prevenir enfermedades transmitidas por roedores: en este caso, las medidas de prevención están destinadas a eliminar el contacto posible con los roedores, su orina o excrementos. Para esto, es necesario fortalecer la higiene en el hogar y los centros de evacuados, y combatir roedores en estos sitios y sus alrededores manteniendo estos espacios libres de basura y escombros que puedan hacer de refugio. Evitar la inmersión en aguas estancadas potencialmente contaminadas, y procurar que los/as niños/as no jueguen en charcos o barro. Se sugiere tapar los orificios de las viviendas por donde puedan ingresar estos animales, y aplicar medidas de eliminación como cebos y trampas en los lugares de riesgo, controlándolos y renovándolos periódicamente. Utilizar guantes y botas de goma para realizar tareas de desratización, desmalezado y limpieza. Es importante usar siempre calzado (preferentemente botas altas) en zonas inundadas o al atravesar aguas estancadas.

 

Más información en www.msal.gob.ar/salud-y-desastres/index.php/informacion-para-ciudadanos/cuidados-de-la-salud/inundaciones

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