Con el surgimiento de la pandemia, empresas de todos los rubros y verticales tuvieron que adaptarse a una nueva forma de trabajo remoto. El Home Office, la modalidad de trabajo a distancia y los modelos mixtos son hoy un tema de discusión permanente entre empresas y equipo de Recursos Humanos. Pero, ¿qué pasó con las empresas que estaban recién iniciando? ¿Cómo afectó esta modalidad a las pequeñas y medianas empresas que no estaban consolidadas? Felipe Herrera, Fundador de la startup Space Guru, analiza cómo las empresas lograron forjarse y crecer de forma remota en plena pandemia.
La llegada del COVID 19 vino a romper todos los paradigmas de lo que considerábamos “normal”. Hasta el año pasado, cuando pensábamos en armar una empresa, pensábamos en una oficina. O quizás, si vemos los ejemplos de Sillycon Valley, nos imaginábamos un garaje. Sea cual fuere la imagen mental, solíamos situarla en un espacio común, compartido. No obstante, hoy podemos pensar en trabajos 100% remotos en donde todas las interacciones son virtuales. La creación de una empresa no escapa a este cambio. Así como podemos hacer visitas al médico de manera virtual, o compramos tickets para ver a nuestro artista preferido en un concierto en el otro lado del mundo, también podemos empezar una empresa desde casa, sin garaje, sin oficina.
Los que trabajamos con metodologías ágiles estamos familiarizados con la máxima de “fail fast” o “fallá rápido”. Esto tiene que ver con que, para que las cosas funcionen, hay que hacer. No planificar tanto y realmente comenzar a hacer, porque si las cosas fallan, más vale que fallen rápido, así aprenderemos sin perder tiempo. La falta de oficinas y la diferencia horaria hace que “juntarse a planificar” sea más tedioso, y por ende, puede que incluso favorezca el hacer.
Es así como el hecho de no compartir un espacio físico puede dejar de ser un impedimento, para pasar a ser una oportunidad. Se deja de esperar el momento preciso, la reunión de planificación, las rondas de brainstorming, y se empieza por algún lado. A medida que el proyecto va tomando dimensión, se puede ir ajustando la estructura, sumando gente, aceitando procesos, e implementando herramientas.
En la “Flexibilidad” está la claveLos modelos rígidos son propensos a romperse. Así es como las empresas con mucha estructura se vieron en problemas durante la pandemia, versus las empresas flexibles que pudieron adaptarse rápidamente. En este sentido, contratar colaboradores de forma remota da mucha flexibilidad a la empresa porque muchos impedimentos quedan obsoletos. Poder contratar gente que vive lejos (quizás en otra provincia) se transforma en una gran forma de democratizar el acceso a grandes empresas que antes estaban vinculadas a ciertas ciudades. La geografía ya no es una limitación.
Asimismo, contratar colaboradores que están en otro huso horario puede parecer disonante, pero suele ser muy eficiente: porque acelera los tiempos permitiendo que el trabajo avance o se revise “en turnos”. Este tipo de dinámicas hoy son viables y realmente muy convenientes. Por supuesto, hay ciertas industrias o tareas que no pueden hacerse de forma remota. Pero la pandemia puso de manifiesto que realmente son pocas las que no pueden hacerse desde otro lugar.
Uno de los aspectos negativos, es que se pierde un poco la dimensión más humana del trabajo, porque justamente, no se comparte el espacio. No tenemos oportunidad de una charla casual en el pasillo, ni de almorzar con otro equipo en el comedor, ni de acercarse al escritorio de alguien para intercambiar ideas o cortar para tomar un café. En esta nueva forma remota, la productividad aumenta, pero hay que tener cuidado con no descuidar a los colaboradores o evitar que se sientan solos o aislados.
Desafíos para las empresas 100% remotasTrabajar remoto tiene ciertos desafíos tanto para las empresas como para los colaboradores. Del lado de la empresa, es importante generar inclusión y cercanía. Las videollamadas son una gran opción para acortar distancias, las reuniones de equipo cortas pero diarias, los entornos de colaboración como puede ser Slack o Discord, que ayudan a distender y poder tener canales de conversación enfocados a temas puntuales y canales de conversación más informales donde de alguna forma se reemplaza el encuentro en los pasillos y todos participan. También es importante poder generar actividades aunque sea virtuales de team-building y espacios de charla para escuchar a cada integrante del equipo y/o área.




