El año que cambió todo, 2020, también dejó sorpresas en los mercados de capitales. Contrariamente a lo que se podría haber supuesto, el número de empresas que salieron a bolsa en Estados Unidos duplicó el de 2019, alcanzando un récord de 494 que, ya de por sí es sorprendente, pero el verdadero fenómeno dentro del “boom” de IPOs (Oferta Pública Inicial), fueron las empresas de adquisición de fines especiales (SPAC), que representaron cerca de la mitad de esas transacciones.
“Una SPAC es una empresa sin operaciones comerciales que se forma para recaudar capital a través de una IPO con el propósito específico de adquirir una empresa existente. En su origen, están financiadas por un patrocinador, a menudo un fondo de “private equity” u otro grupo de inversores y son, en definitiva, un vehículo de inversión que cotiza en bolsa, identifica un objetivo de inversión) en una empresa privada y negocia una fusión, que, una vez completada, el patrocinador de SPAC y todos aquellos que hayan invertido en sus acciones, se transforman en accionistas de la nueva empresa, donde ahora el negocio que antes era llevado adelante por una entidad privada se transforma en una empresa que cotiza en bolsa” explica Alejandro Javier Rosa, socio de PwC Argentina a cargo de Gobierno Corporativo.
Desde la perspectiva de la empresa objetivo, se trata de una ruta más para el acceso al mercado de capitales. Sin embargo, en comparación con un IPO tradicional, las transacciones con SPACs pueden tener algunas ventajas. Al igual que sucede para el patrocinador, la primera de ellas es, sin dudas, la velocidad. El plazo de 3 a 6 meses para una fusión con SPAC, es mucho más corto que el promedio de 1 o 2 años que lleva la preparación para un IPO tradicional. Para las empresas que buscan un acceso más rápido a los mercados, la SPAC puede ofrecer ese atajo.
“Por otro lado, en un IPO tradicional las externalidades del mercado o perder la famosa “ventana” de precios puede significar una depresión de las acciones. En una transacción con una SPAC, el precio de las acciones se negocia con el patrocinador en el acuerdo de fusión y ello proporciona a la empresa una menor exposición a la volatilidad inicial del mercado.
Asociarse con un patrocinador de SPAC con experiencia puede significar para la empresa tener acceso a un equipo directivo experimentado. Los procesos de preparación para un IPO son largos y con muchos frentes para cubrir (de gobierno corporativo, legales, financieros, de refuerzo de procesos y control interno, etc..). Para muchas organizaciones privadas, los recursos y la experiencia que estos patrocinadores aportan pueden resultar muy útiles” continua el socio de PwC Argentina.
Por supuesto que, como bien dice el refrán, “no todo lo que brilla es oro”, y recorrer este camino rápido para llegar a los mercados de capitales, con un socio experimentado de copiloto, también puede tener sus riesgos. Como se ha mencionado, el proceso tradicional de IPO suele ser largo, en parte porque las empresas privadas pueden tardar un año o más en prepararse para ser públicas.
Una fusión de SPAC puede acortar ese tiempo de preparación, pero una vez que se completa la fusión, la empresa es una entidad que cotiza en bolsa como cualquier otra. Está sujeta a las mismas reglas y escrutinio y, si bien el atajo puede resultar muy atractivo, lo cierto es que muchas empresas pueden no estar listas en ese momento.




